Patito y Ardilla se abrazan alborozados, despues de bastante tiempo sin haberse visto. Ardilla suelta alguna lagrimita y Patito la acaricia con su ala derecha, mientras la izquierda se la lleva hasta el pico en aire muy pensativo.Ardilla.- Patito, cuanto tiempo sin verte. Te extrañé un montón.
Patito.- También yo te eché de menos Ardilla. Han pasado muchos días sin verte.
Ardilla.- Es que ademas del viaje a Zambia te has dado una desaparecida de nuez y almendra.
Patito.- Es bien cierto. Tuve bastantes quehaceres ¿sabes? Tenía muchos pendientes.
Ardilla.- ¿Ah, si? ¿Te regalaron muchos pendientes en Africa?
Patito.- No te burles Ardilla. Tu ya sabes a que me refiero.
Ardilla.- Bueno, lo primero de todo quiero que me cuentes de tu viaje a Zambia.
Patito.- Con mucho gusto.
Ardilla.- Dime antes que nada como hiciste el viaje, por si algún día me decido a ir.
Patito.- Te cuento. Salimos de Vigo en autobús hacia Oporto, un jueves, a las cuatro de la tarde, para desde ahí, en avión, trasladarnos a Madrid.
Ardilla.- ¿No hay vuelo desde Vigo a Madrid?
Patito.- Si hay, y bastantes, a diario, Pero la manera más, rápida, cómoda y barata, para enlazar el vuelo a Johanesburgo, era por Oporto.
Ardilla.- Comprendo. O sea que desde Madrid te fuiste en avión a Johanesburgo.
Patito.- Eso es, y de ahí a Ndola, a donde llegamos a las cinco, hora local, en viernes. Tenemos una hora de diferencia con Zambia.
Ardilla.- Perdona mi ignorancia, ¿que es Ndola?
Patito.- Ndola es la segunda ciudad más importante de Zambia, con cuatrocientos mil habitantes. Su aeropuerto es diminuto, pero la pista es enorme. Tanto que como el avión era muy pequeño, aterrizó sin usar los retropropulsores, por ahorrar combustible, así que nos recorrimos toda la pista con la frenada.
Ardilla.- Qué bárbaro. ¿Y no tuviste miedo Patito?
Patito.- La verdad es que no me acordé de eso, porque estuva grabando con mi cámara.
Ardilla.- ¡Qué lindo! Espero que me dejes verlo.
Patito.- Tuvimos que pagar cincuenta dólares cada uno para entrar en el país. Allá fuera ya veía a José Manuel, el misionero, que nos esperaba acompañado de una linda joven.
Ardilla.- ¿Muy linda?
Patito.- Una verdadera belleza.
Ardilla.- Vaya.

Patito.- Se trataba de Virginia, una de las becadas por la Fundación. Gracias a la beca, había obtenido su título de maestra y ahora ejercía en Ndola.
Ardilla.- Eso de las becas, parece algo muy bueno, ¿no?
Patito.- Así, es, y si la beca es para una chica, mucho mejor aún.Ardilla.- ¿Y por qué razón?Patito.- Si una familia puede costear los estudios de alguno de los hijos, elegirá siempre un varón. Las chicas apenas tienen posibilidades para estudiar. Y si no lo hacen, estarán, más o menos, obligadas a casarse pronto y tener familia, con lo que su futuro estará sujeto a una vida, muy pobre, en un ámbito rural.
Ardilla.- Bueno, entonces aún me parece mucho mejor el tema de las becas. Me alegro que Virginia y todas las otras becadas tengan ahora mejores oportunidades en sus vidas.
Patito.- No solo eso, es que además, si deciden tener familia, sus hijos recibirán una educación con principios de igualdad de oportunidades para ambos géneros.
Ardilla.- Y dime patito, ¿cuántas niñas se han beneficiado con las becas de Lusekelo? ¿Cuánto cuestan sus estudios?
Patito.- La Fundación destina 7.000 euros para becas cada año. Una beca cuesta aproximadamente 300 euros al año. Con este dinero se pagan los estudios, la manutención y la ropa. Digo aproximadamente porque la cotización del euro varía muchísmo. Y el coste tambien varía dependiendo de los estudios que realicen. El número de becados es de 20 más o menos por año. Los estudios duran dos años.
Ardilla.- ¡Carambolas! Si convenzo a cinco amigos que aporten cada uno 5 euros al mes, sería una becas, y si convenzo a 10, dos.
Patito.- Y si cada uno de los que tu convences, convence a otros tantos, imaginate...
Ardilla.- ¡Super guay! ¡Cuánto se puede hacer con tan poco! Me voy corriendo a buscar a mis colegas y ya te contaré las novedades patito. ¡Hasta prontito! Ya me seguirás contando del viaje que es muy interesante.
Y Ardilla se va corriendo, sin darle un beso a Patito, que se queda mirándola embelesado y divertido a la vez. En cuanto la perdió de vista se zambulló en el agua.