viernes, 21 de noviembre de 2008

Mis viajes a Zambia: capítulo XII

Jueves, 16 de febrero de 2006.
Hoy viajamos de Lusaka a Livingstone. JM nos ha dicho que sería imperdonable irse de Zambia sin ver las cataratas Victoria. Nos acompaña Grace, una monjita de la misma orden que Salomé. Le cedemos el asiento delantero, acompañada de Imelda. JM nos explica que en este país es muy importante tener ese detalle, pues todavía se mantiene mucho la imagen del blanco como una clase superior al negro. La recogemos en su casa por la mañana. Después, como viene siendo habitual ya, hay que ir a un taller mecánico para arreglar la bocina. Es un gran problema viajar sin ella, porque es muy necesaria en la carretera. Aun hemos de ir al banco para cambiar. Le hemos dado dinero a JM para los gastos del viaje y algo más para comprar regalos. Antes de emprender el viaje, le hacemos una visita a Salomé, pues todavía no le habíamos dado su regalo: un frasquito de perfume. Aquí las mujeres son muy coquetas, aunque sean monjas. Salomé se lleva a las chicas al taller donde enseñan costura y les toman medidas para unos vestidos tradicionales.
Por fin nos hallamos en ruta hacia Livingstone: quinientos km. Desde Lusaka. La hernia me castiga un poco. A mitad de camino parada técnica para almorzar. Se le da fin a las empanadillas de Dany con un poco de embutido. La carretera está en mucho peor estado que la de Lusaka a Kasempa, tiene más agujeros que un queso de Gruyere y es como si viajáramos dentro de un sonajero en manos de un bebé nervioso. Mis huesos se resienten y siento como si fueran a soltarse.
Anochece cuando nos detenemos en la residencia de las monjas que será nuestro alojamiento. Es una casa de planta baja, al estilo del país, con un cuarto de baño y cuatro dormitorios. Mauro y yo compartimos uno, Marieta e Imelda otro, JM y Grace, se instalan en los otros dos. Se van a comprar comida, quedándonos en casa Marieta y yo, lo que aprovecho para darme una ducha. No hay agua caliente: ¡qué novedad! Regresan pronto. No encontraron pollo y JM prepara un buen guiso con carne, guisantes, zanahoria, fideos, tomate y cebolla. Lo cierto es que prepara bastante cantidad y sobra. Después de cenar, enseguida me voy a la cama. Estoy molido. Todo está en silencio. Ni el más leve ruido cruza la oscuridad. Apenas hemos podido ver la ciudad, aunque se parece a las que ya hemos visto. Nos hayamos al suroeste de Zambia, en la frontera con Zimbabwe, dibujada en gran parte por el río Zambeze. Esta es una ciudad turística y además histórica pues lleva el nombre del famoso explorador y misionero escocés que descubrió las cataratas más grandes del mundo.

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