miércoles, 26 de noviembre de 2008

Mis viajes a Zambia: capítulo XVII

Martes, 21 de febrero de 2006.
Me despierta JM diciéndome que son las cinco. El móvil no ha sonado. Lo reviso y me entero de que no estaba conectada la alarma. Hay que apurar. Recogemos a las chicas y nos vamos al aeropuerto. Llueve. Llegamos al aeropuerto un poco después de las seis. JM sube con Imelda a las oficinas de la British. Los demás esperamos junto a las maletas. Regresan con la noticia de que es posible que la maleta de Imelda esté en Madrid. Ahí tendremos que reclamar los cien dólares por los dos días perdidos en Lusaka, esperando por las maletas y luego reclamar la maleta de Imelda.
Nos vamos por la ventanilla del visado y luego la policía. Ahí nos despedimos de JM, el ya no puede entrar. Después de facturar subimos a la zona de embarque. Solo disponemos de quince dólares posteriores al 96 para desayunar. Imelda dice que no nos alcanza para el desayuno porque había visto los precios. Pero en la cafetería, un té o un café cuesta menos de dos dólares. Pedimos tostadas con mermelada. La cuenta llega a veinte dólares. Pagamos con dos billetes de diez, de los que al parecer no sirven y pasan. A mi me pareció como que la camarera se los entregada a una chica de color en la barra.
Después de desayunar, mientras esperamos, voy a una tienda de ropa a preguntar por un vestido típico africano para mi nieta. Me muestran uno muy lindo. Cuesta quince dólares y en euros me cobran lo mismo. Aquí los pareos cuestan cinco y diez euros, más baratos que en el mercadillo. La pena es no disponer de dólares, pues sería un treinta por ciento más barato. Me llevo dos y un vestido. Aun estamos con las compras cuando avisan para embarcar. Mauro se ha ido al baño.
Al fin subimos al avión. Es más pequeño que el que nos llevó a Johannesburgo. Nos tocan las filas 18 y 10 en un lateral, encima del ala. A las dos horas nos traen la comida. Es un poco temprano, pero bueno. Yo tomo pollo, ensalada de frutas, zumo, mermelada y una madalena un poco rara que sabe a manzana. Tomo té e Imelda también por error. Es demasiado impulsiva. Veo una película y pasa el tiempo. Quedan unas seis horas para llegar a Londres. Intento descansar un rato. Estamos casi a cinco mil km. de Londres. Ahí abajo queda Bossangoa. La temperatura es de 43ª C bajo cero, en el exterior, claro. Son las 11,45, hora española. No logro dormir. Termino de ver la película, sobre la vida de un músico que tiene problemas con la bebida y al final se reconcilia con su esposa. Me dedico a observar a una pareja con un bebé muy lindo, rubio y sonriente. Ella es algo redondita, con una cara simpática, aire inglés y el parece el de los Simpson: un gran cabezón con gafas. Por el pasillo camina un señor de pelo blanco y gran bigote, muy tostado por el sol, parece Livingstone. Tengo que ir al baño.
Llegamos a Londres con tiempo de sobra. Aun tenemos media hora de espera antes que nos den la puerta de embarque. Volamos hacia España. El viaje es muy tranquilo. Leo el libro de González Carvajal, que es muy interesante, sobre la globalización. Imelda duerme casi todo el tiempo. Nos ponen un bocata y una ensaladilla de frutas. El bocata lleva mayonesa y no lo tomo.
Ya estamos en Madrid. En la espera por el equipaje llamo a mi hija, que ya está esperando. Ellos se van a un hotel y yo con mi hija a su casa en Alcorcón. Tomando un té, viendo fotos y un poco de grabación se nos va el tiempo volando. Me voy a la cama a las dos y veinte. Nos levantaremos a las cinco. Me quedo dormido enseguida.

Miércoles, 22 de febrero de 2006.
Me despierta mi hija. Estoy algo atontado. Todo a correr, incluso el añorado colacao. ¡Por fin! ¡Colacao! Mis compañeros ya están en el aeropuerto. Después de facturar, ellos desayunan hasta el embarque. Aprovecho para poner al día mis notas. En dos horas mas o menos estaremos en casa. Hace frío. Hemos vuelto al invierno, después de un breve verano en Zambia. Ha llegado a su fin una experiencia inolvidable. Y lo mejor de todo es el deseo de volver pronto.

1 comentario:

Carmen Andújar dijo...

Muy interesante tu viaje. Yo no creo que vaya tan lejos, me da demasiado miedo el avión, me conformaré con ver todos estos paises en la televisión. Supongo que la vida allá no tendrá nada que ver con la nuestra, tanto por la cultura como por la pobreza que debe haber.