viernes, 16 de enero de 2009

Un encuentro milagroso

Caminaba silencioso y con la cabeza gacha, por lugares apartados y solitarios, procurando no encontrarme con nadie, cansado de recibir desaires o indiferencia. El camino discurría árido, pedregoso, con árboles secos a un lado y al otro, helechos amarillos bajo un cielo desapacible. Y de pronto la vi: ¡una ardilla! Chiquita, redondita, preciosa que me miraba atentamente, entre asustada y anhelante. Llevaba una nuez entre mis plumas. Se había quedado allí olvidada, no se porque. Se la ofrecí, alargando muy despacio mi ala. Me miró extrañada. Con un movimiento rapidísimo se hizo con la nuez, enseguida la abrió y se puso a comerla, con un ansia: tenía hambre. Luego me miró tan dulcemente. Me dispuse a seguir caminando, pero la ardilla se vino detrás. Y aquí la tengo ahora, conmigo. Espero que no os importe. Es tan chiquita, tan mimosa. Es un poco loca y alborotada, revoltosa, pero muy alegre. Me vendrá bien. Estoy seguro que este lugar será mucho mas divertido con ella. Es una buena sociedad ¿no os parece? ¿No creéis que es un encuentro milagroso?

5 comentarios:

Felisa Moreno dijo...

Espero que esa ardilla juguetona anime al patito feo, que lo veo un poco tristón.

Un abrazo desde el sur

Jesús dijo...

Yo tambien lo espero Felisa.
abrazo de oso de Lugo.

Carmen Andújar dijo...

Desde luego.¿Qué bonita es la naturaleza y sus seres vivos!. Debió de ser una escena de lo más dulce, porque las ardillas son unos animalitos la mar de curiosos.
Un abrazo

Jesús dijo...

Tienes razón Carmen, la escena fue muy dulce y los resultados sorprendentes, como se verá.

Ardilla Roja dijo...

Mira que suerte tuvo esa ardilla :)

Me han pasado este texto, ya puedes imaginar por qué, y me ha parecido precioso.

Las ardillas que viven cerca de los humanos suelen ser muy sociables. Yo tengo la suerte de tenerlas muy cerquita de casa (de ahí mi nick) pero no vienen porque viven en las encinas del río y no les falta comida.

Un saludo :)