miércoles, 20 de febrero de 2019

Elecciones en la Granja

ELECCIONES EN LA GRANJA


Personajes:

1.     Mulaina             Una mula fina
2.     Bueyamín          El Buey gentil                                 
3.     Caballete           El caballo inteligente                      
4.     Vakaloka           La vaca un poco mala, un poco loca
5.     Gallardo            El gallo dulce y tierno                       
6.     Sabueso            El perro, tranquilo y con seso.         
7.     Galindo              El gatito lindo                                   
8.     Gansy                La gansa, tierna y elegante             
9.     Asnolfo              El burro sabio.                                 
10. Gorrina              La cerdita bailarina                          
11. Ovejota              La gran oveja torpe y grandota       
12. Ovejuna             La oveja linda como ninguna.         
13. Ovejuela            La oveja pilluela                              
14. Ovejilla              La oveja lista como una ardilla        
15. Gallalena           La gallina más rellena                     
16. Galleta               La gallina más inquieta                   
17. Patoso               El pato feliz                                     
18. Patodouro         O pato cheio de ouro                      
19. Patón                 El pato que piensa un montón       
20. Patero               El pato guerrero                              

CUADRO PRIMERO

(La escena está vacía, el decorado, pues algo muy sencillo que nos sugiera que estamos en una granja. Entran por la derecha CABALLETE, MULAINA, VAKALOKA y BUEYAMIN).
CABALLETE.- Por aquí, por aquí amigos. Este es nuestro hogar, y nos sentimos muy complacidos de teneros como huéspedes.
MULAINA.- Qué amable.

CABALLETE.- Es lo menos que podemos hacer con unos viajeros.
MULAINA.- Hace mucho tiempo que hemos emprendido nuestro viaje.
CABALETE.- Se os ve cansados. Aquí podréis descansar amigos.
MULAINA.- ¡Qué agradable parece este sitio!
VAKALOKA.- No está mal. Podría estar mejor, pero no está mal. Aunque, es posible que pronto cambien las cosas por aquí.
BUEYAMIN.- ¿Cambiar?, ¿Qué va a cambiar?
CABALLETE.- Vakaloka, no creo que este sea el momento más apropiado.
MULAINA.- ¿Qué ocurre?
CABALLETE.- ¿Estaréis muy cansados, no?
BUEYAMIN.- Bastante, bastante cansados.
MULAINA.- Si, venimos de muy lejos.
BUEYAMIN.- Hace mucho tiempo, que emprendimos el camino.
VAKALOKA.- ¿Y de dónde venís?
CABALLETE.- Vakaloka, no es momento de preguntas. Seguidme por favor. Es por aquí.
BUEYAMIN.- Gracias amigo.
MULAINA.- Sois muy generosos.
BUEYAMIN.- Muy amables.
VAKALOKA.- ¿Sí?, ¿De verdad?
CABALLETE.- ¿Tenéis hambre?
BUEYAMIN.- Si, si, claro que tenemos hambre. Llevamos muchas horas sin echarnos una brizna de hierba a la boca.
MULAINA.- ¿A qué te referías cuando hablaste de cambios?
VAKALOKA.- Mira, es que vamos a tener elecciones.
BUEYAMIN.- ¿Elecciones?
CABALLETE.- Sí. Estamos de elecciones. En nuestra comunidad, cada 13 lunas elegimos jefe.
VAKALOKA.- Hoy se presentarán los candidatos.
BUEYAMIN.- Eso suena divertido.
VAKALOKA.- Si, habrá un buen jaleo. Podéis asistir.
BUEYAMIN.- ¿Nosotros?
MULAINA.- No conocemos a nadie.
BUEYAMIN.- Somos forasteros.
CABALLETE.- No, no, nadie es forastero en nuestra granja.
VAKALOKA.- Así que no perdáis más tiempo si queréis volver a tiempo, si pensáis quedaros también podréis votar.
MULAINA.- ¿Votar?, si no conocemos a nadie
VAKALOKA.- Me conocéis a mí. Imaginaros que alguien me presenta como candidata, je, je..
BUEYAMIN.- ¿Tu, una candidata?
CABALLETE.- Seguidme.
(VAKALOKA y Bueyamín, quedan rezagados)
BUEYAMIN.- ¿De verdad vas a ser una candidata?
VAKALOKA.- Pues claro. ¿Me vas a votar?
BUEYAMIN.- Tu nombre es Vakaloka, ¿verdad?
VAKALOKA.- Sí.
BUEYAMIN.- Qué nombre tan bonito.
VAKALOKA.- ¿Te gusta?

BUEYAMIN.- Sí, mucho, pero.
VAKALOKA.- Pero que.
BUEYAMIN.- Pero no tanto como tus ojos.
VAKALOKA.- ¿Ah, sí? Entonces, ¿me votarás?
BUEYAMIN.- ¡Ay, Vakaloka, Vakaloka! ¡Qué zalamera! ¡Si me lo pides con esos ojitos, mirándome tan tiernamente!
VAKALOKA.- ¿Me votarás?
BUEYAMIN.- Y si lo hago, ¿qué harás?
VAKALOKA.- Si me votas lo sabrás.
BUEYAMIN.- Eso es trampa Vakaloka.
VAKALOKA.- Ja, ja, sin trampas no se puede ganar.
(Salen todos. Nada más quedarse la escena vacía, suena la música, y al son de ella, salen bailando el resto de los personajes. Traen sillas suficientes para todos, y las van colocando en dos grupos laterales, de forma que queden sentados, cuando llegue el momento, a ambos lados de la mesa central para la presidencia, donde pueden situarse uno o dos micros.)

Canción: Las Elecciones


Son las elecciones,
Son las elecciones,
Hemos de instalar,
Hemos de ordenar,
Sillas, mesa, urnas,
Todo lo que urja.
Si quieres votar,
hay que trabajar.

Una silla  aquí,
Una mesa allá,
Lápiz y papel
Para apuntar.
Un micro muy grande
Para aquel que hable
Y para que el presi
Pueda moderar.

Habrá que barrer,
Habrá que ordenar.
Habrá que apurar,
Habrá que correr,
Muy rápidamente
Diligentemente.
Hay que comenzar,
Ya sin demorar.

Es muy importante,
Tener gobernante,
Alguien que nos mande,
Y nos salvaguarde.,
Pero mientras tanto,,
Al son de este canto,
Alguien que nos mande,
Vamos a bailar,,
Hay que disfrutar.


(Y se ponen todos a bailar alegremente, luego de haber colocado las sillas y la mesa para la presidencia, terminando con una gran algarabía. Finalmente SABUESO, se pone tras la mesa, y tomando la campanilla la agita, hasta que se va haciendo silencio. )
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martes, 3 de febrero de 2009

Premio dardo



Recibimos este premio dardo de manos de Mariam Gardi, cuando nuestro blog todavía es un bebé que aun no sabe caminar. Agradecemos este empujoncito para crecer. Es un honor recibirlo de alguien que transmite los sentimientos con ese don que Dios puso en el corazón de cada persona, para distinguir la belleza.

Si se desea distinguir a otros Bloggers por esos mismos méritos deberán seguirse estas sencillas bases:
1- Seleccionar a cinco o màs Bloggers
2- Poner el enlace en nuestro Blog de quién nos concedió el premio.

Ahora tengo que pasar el premio:

A El Desván de la memoria por su formidable calidad literaria

http://desvaneros.blogspot.com/

A Mercedes Martín Alfaya, por entrañable calidad humana, literaria y poética en

http://mercedesmartinalfaya.blogspot.com/

A Teresa Cameselle, por su afectuosa humanidad y calidad literaria en

http://teresacameselle.blogspot.com/

A Felisa Moreno por su dulce sonrisa literariá en

http://felisamorenoortega.blogspot.com/

A Dorotea por su creatividad y búsqueda incansable

http://doroteafuldebenke.blogspot.com/

A Carmen Andújar por su bondadosa calidad artística y humana en

http://carmenandujarzorrilla.blogspot.com/

A Juan Manuel Rodriguez de Sousa por su delicada calidad poética en

http://sinopsisdelarte.blogspot.com/

A Celia por su simpatía teatral y calidad humana en

http://celiaalvarezfresno.blogspot.com/

martes, 13 de enero de 2009

Hoy, miércoles

Yo estaba prisionero pero abrí la ventana y enseguida me llegó el aliento, las voces de ánimo, la mano extendida para comunicarme el calor de la esperanza.
Ayer publiqué en una revista digital en la que participo, un artículo en el que hablaba de un amigo. Era una forma concreta para hablar de la amistad. No puse su nombre, ni describí sus facciones. Y lo primero que vi hoy, fue su comentario. El se había reconocido y sentí la ternura de su abrazo a través de las palabras. Más tarde leí los comentarios a lo que escribí aquí. Y no fueron simplemente comentarios, fueron abrazos, abrazos intensos, de esos que se fabrican solo para los amigos, o para los amantes. Y me sentí amado.
Entonces recordé los versos de Unamuno:
“Solo el esclavo canta libertad,
El libre, el verdaderamente libre,
Canta amor”.
Y yo voy a intentar abrir los labios para cantar.

Jesús

Hoy, martes

Hoy es martes. Un dia luminoso, frio, pero lleno de luz y sin embargo me siento prisionero. No hay rejas, solo ventanas por donde entra el sol. Estoy en zapatillas preso de mis sentimientos. Sin rumbo. Quiero salir de esta cárcel y no lo hago. "Tengo que terminar algunas cosas", me digo. Y me acuerdo de Penélope y me entra una angustia que aprieta mi garganta y el ánimo se retuerce como los hilos de una cuerda.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Mis viajes a Zambia: capítulo XVII

Martes, 21 de febrero de 2006.
Me despierta JM diciéndome que son las cinco. El móvil no ha sonado. Lo reviso y me entero de que no estaba conectada la alarma. Hay que apurar. Recogemos a las chicas y nos vamos al aeropuerto. Llueve. Llegamos al aeropuerto un poco después de las seis. JM sube con Imelda a las oficinas de la British. Los demás esperamos junto a las maletas. Regresan con la noticia de que es posible que la maleta de Imelda esté en Madrid. Ahí tendremos que reclamar los cien dólares por los dos días perdidos en Lusaka, esperando por las maletas y luego reclamar la maleta de Imelda.
Nos vamos por la ventanilla del visado y luego la policía. Ahí nos despedimos de JM, el ya no puede entrar. Después de facturar subimos a la zona de embarque. Solo disponemos de quince dólares posteriores al 96 para desayunar. Imelda dice que no nos alcanza para el desayuno porque había visto los precios. Pero en la cafetería, un té o un café cuesta menos de dos dólares. Pedimos tostadas con mermelada. La cuenta llega a veinte dólares. Pagamos con dos billetes de diez, de los que al parecer no sirven y pasan. A mi me pareció como que la camarera se los entregada a una chica de color en la barra.
Después de desayunar, mientras esperamos, voy a una tienda de ropa a preguntar por un vestido típico africano para mi nieta. Me muestran uno muy lindo. Cuesta quince dólares y en euros me cobran lo mismo. Aquí los pareos cuestan cinco y diez euros, más baratos que en el mercadillo. La pena es no disponer de dólares, pues sería un treinta por ciento más barato. Me llevo dos y un vestido. Aun estamos con las compras cuando avisan para embarcar. Mauro se ha ido al baño.
Al fin subimos al avión. Es más pequeño que el que nos llevó a Johannesburgo. Nos tocan las filas 18 y 10 en un lateral, encima del ala. A las dos horas nos traen la comida. Es un poco temprano, pero bueno. Yo tomo pollo, ensalada de frutas, zumo, mermelada y una madalena un poco rara que sabe a manzana. Tomo té e Imelda también por error. Es demasiado impulsiva. Veo una película y pasa el tiempo. Quedan unas seis horas para llegar a Londres. Intento descansar un rato. Estamos casi a cinco mil km. de Londres. Ahí abajo queda Bossangoa. La temperatura es de 43ª C bajo cero, en el exterior, claro. Son las 11,45, hora española. No logro dormir. Termino de ver la película, sobre la vida de un músico que tiene problemas con la bebida y al final se reconcilia con su esposa. Me dedico a observar a una pareja con un bebé muy lindo, rubio y sonriente. Ella es algo redondita, con una cara simpática, aire inglés y el parece el de los Simpson: un gran cabezón con gafas. Por el pasillo camina un señor de pelo blanco y gran bigote, muy tostado por el sol, parece Livingstone. Tengo que ir al baño.
Llegamos a Londres con tiempo de sobra. Aun tenemos media hora de espera antes que nos den la puerta de embarque. Volamos hacia España. El viaje es muy tranquilo. Leo el libro de González Carvajal, que es muy interesante, sobre la globalización. Imelda duerme casi todo el tiempo. Nos ponen un bocata y una ensaladilla de frutas. El bocata lleva mayonesa y no lo tomo.
Ya estamos en Madrid. En la espera por el equipaje llamo a mi hija, que ya está esperando. Ellos se van a un hotel y yo con mi hija a su casa en Alcorcón. Tomando un té, viendo fotos y un poco de grabación se nos va el tiempo volando. Me voy a la cama a las dos y veinte. Nos levantaremos a las cinco. Me quedo dormido enseguida.

Miércoles, 22 de febrero de 2006.
Me despierta mi hija. Estoy algo atontado. Todo a correr, incluso el añorado colacao. ¡Por fin! ¡Colacao! Mis compañeros ya están en el aeropuerto. Después de facturar, ellos desayunan hasta el embarque. Aprovecho para poner al día mis notas. En dos horas mas o menos estaremos en casa. Hace frío. Hemos vuelto al invierno, después de un breve verano en Zambia. Ha llegado a su fin una experiencia inolvidable. Y lo mejor de todo es el deseo de volver pronto.

martes, 25 de noviembre de 2008

Mis viajes a Zambia: capítulo XVI

Lunes, 20 de febrero de 2006.

Nos levantamos muy temprano. Me ducho rápido con agua fría. Tomo solo cacao bebido. Cargamos las maletas y salimos. Tengo molida la espalda. Hacemos el trayecto todo seguido hasta un hospital donde está una hermana de Grace que es enfermera. Solo nos detenemos unos minutos. De allí JM nos lleva a un almacén para comprar café a 20.000 k. los 250 gramos. Es caro. Compro cinco. Muy cerca de Lusaka JM compra plátanos y naranjas a los vendedores en la carretera. Son para Grace. Antes de llegar nos desviamos hacia donde vive Salomé. Allí JM pasa sus fotos a mi memoria USB. Salomé me regala un vestido tradicional para Emma, además de para Imelda y Marieta. Para Mauro y para mi, una camisa a cada uno. Le regalo una estampa del mes de Mayo, con una oración por la paz. Ella nos dice que el año que viene irá a Vigo. Seguimos camino para dejar a Grace en casa de su mamá, que es profesora. Su padre fue un alto funcionario del ejército, que murió en circunstancias extrañas, haciendo unas maniobras, nos cuenta JM. Nos despedimos de Grace y solo queda ir a recoger la llave de nuestro alojamiento en las monjas. Las chicas dormirán allí y nosotros en el mismo albergue. Dormiremos los tres en la habitación grande. De regreso a la ciudad a JM le urge ver el correo. Lo acompaño para ver el mío. Hay uno de casa y lo contesto para comunicar que llamaré desde Madrid, al llegar. Vamos al aeropuerto. Allí vamos al cambio porque Imelda quiere convertir cincuenta euros en kwachas, pero aunque el euro está a más de 3.900 cobran un quince por ciento de comisión. Subimos a la British. No hay nadie. De allí a la Zambiam airways, luego a información, seguimos a sudafricans airways. En resumen: que hay que volver a las seis de la mañana. En el Shoprite encontramos el café más barato que en el almacén. Volvemos a casa porque JM quiere darse una ducha antes de cenar. Al parecer tiene las piernas muy rozadas por el sudor. Imelda le da una crema hidratante. Ordeno más o menos la maleta para mañana y nos vamos. Atrás, sin la mochila para apoyarme se mucho peor. Para la cena JM nos lleva al pub del primer día. Marietta se pidió una ensalada, Mauro una carne guisada con Guinnes y arroz. Imelda churrasco y JM calamares fritos con patatas. Yo ceno un bistec con patatas. Ellos tomaron tarta de queso de postre. Regresamos a casa nada más terminar. Preparo la maleta y me acuesto. Pongo el móvil para las cuatro. Me pasan las horas pensando en el regreso. Algunos huéspedes llegan tarde, encienden la luz y me desvelo aún más. Me levanto a ver la hora. Es la una y cuarto. Apago la luz de fuera y JM se despierta. Se levanta y luego poco a poco me quedo dormido.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Mis viajes a Zambia: capítulo XV

Domingo, 19 de febrero de 2006.
Ha llovido toda la noche, creo que hasta hubo tormenta. Desperté varias veces. Ahora el goteo insistente sobre el tejado de uralita me parece un tambor que interpreta una monótona danza africana. Al amanecer me levanto. Cuando entro al retrete me cruzo con Grace, que viene de la ducha. Me enjabono bien y me quedo un buen rato bajo el agua. Pienso en Vigo, en el aeropuerto, en mi esposa esperándome. ¡Tengo ganas de volver y emprender esta nueva etapa de mi vida! Porque este viaje será el punto de inserción de un antes y un después. Ahora estoy en la cocina, sentado, solo, pensando. A mi lado está el gato. Es el único momento en que puede estar tranquilo porque Marietta e Imelda lo ahuyentan nada más verlo. Siento una gran alegría interior, más que alegría esperanza. Pero el reflejo de la ventana me devuelve un rostro serio. ¡Tantas cosas me parecen superfluas! Es como si perdiera las ganas de hablar. Deseo el silencio. Viene Grace, que va a la misa en la ciudad. Nosotros la tendremos en español con JM. Se van levantando mientras escribo. Ya vi a JM pasar para la ducha y Marietta me ha dicho hola. Solo quiero estar tranquilo, suave, no entrar en ninguna discusión, ni en conflicto con nadie.
Ayer me dijo JM que los billetes anteriores al 96 no los aceptan aquí, ni fuera de Europa, en general. Me queda todo tan lejos. Me doy cuenta de que mi verdadero confidente, mi único interlocutor fiel es la hoja en blanco de mi libreta. Me doy cuenta lo poco que nos escuchamos. Es frecuente que alguien diga algo en medio de tu conversación, sin dejarte acabar lo que estabas contando. Aquí nadie me interrumpa. He tratado de grabar en mi cerebro todos las imágenes, porque no todo lo puede captar la cámara.
Ya han venido a la cocina Imelda y Marietta, rompiendo el silencio como si tiraran contra el suelo una botella de cristal. El pobre gato ha salido disparado. Ya no me es posible estar solo. Desayuno cacao con agua. Al terminar tenemos la misa. Es una experiencia inolvidable. Se agolpan los recuerdos: el poblado de Kaminzekenzeke, los leprosos, los niños. El sol entra con fuerza por la ventana y lo ilumina todo de repente.
Mientras esperamos a Grace, JM me explica como funciona la cuestión de poner nombre a los hijos. Por ejemplo, en el caso de Grace, ese es su nombre cristiano, pero los padres la llaman Mwila, y los abuelos tienen derecho a darle otro, un nombre tradicional, con significado. Cuando llega nos vamos. Voy detrás con Imelda y Mauro. Llegamos al mercadillo. Imelda quiere comprar unos pareos. Le digo que yo también, que cuando compre me lo diga, ya que por comprar más, seguramente conseguiremos mejor rebaja, pero no me hace caso. Encuentro un instrumento musical que me parece interesante para mi hija, se llama Marimba y cuesta unos tres euros. Después de comprar algunos pequeños recuerdos más me voy con JM que me pide le acompañe al Shoprite. Estoy deseando salir de allí. Me agobia, los puestos están muy cerca unos de otros, y no paran de asediarte para que compres. Compramos pollo, spaghetti, carne, tomates, repollo, agua y harina de maiz porque Grace nos va a preparar nzima. Regresamos en busca de los demás. JM compra una fruta que por fuera es verde y amarilla por dentro, como la sandía, me dice que son gwabas. La caminata hasta la casa, bajo el sol del mediodía se hace dura. Termino sudando a tope. Después de una ducha descanso sobre la cama hasta la comida. Grace ha preparado la comida tradicional: nzima con verdura y pollo. Me gusta, aunque la nzima resulta pesada. De postre tomamos helado. Después de comer me voy a la habitación y me tumbo en la cama hasta que Mauro me avisa para irnos. Vamos a contemplar la gran falla del río desde distintos lugares.
Todo el mundo quiere sacarse fotos. Tomo fotos y película. Realmente es impresionante sacarle fotos a Grace con estas vistas. Nos avisa de un ciempiés gigante. Espero que salga en el video. Por un camino infernal, dando unos botes tremendos, JM nos lleva a un lugar que hay sobre la garganta. Está todo decorado al estilo más tradicional, con cañas, maderas. Grace toca el tambor. Volvemos al anochecer.
Mañana es el último día. Tengo ganas de volver, de llegar a Madrid, de abrazar a mi hija, de encontrarme entre de nuevo en casa.
Al regreso hemos visto un poblado muy primitivo. Es todo tan distinto, una cultura tan diferente. No creo que se vayan de mi memoria tantas miradas. Sobre todo las de los niños. Parece que te miran hasta lo más hondo de tu mismo, allí donde eres tu y no puedes poner máscaras.

Buenos días

Podar las rosas

Podar las rosas es un ejercicio positivo porque estimula el florecimiento. Cuando se podan las rosas marchitas, surgen nuevas flores más bel...